Más que una terapeuta, una compañera de camino.
Crecí en la frontera Tijuana (MX)/San Diego (USA), un entorno de contrastes que me enseñó, desde muy joven, a observar y navegar realidades diversas. Mi vocación de servicio no fue una elección aislada; nació en los años en que me entregué a causas sociales: desde el acompañamiento a enfermos terminales y personas en situación de vulnerabilidad, hasta el liderazgo de grupos juveniles. Acompañar a otros me permitió confirmar que mi lugar estaba en la escucha y en el entendimiento de la complejidad humana.
Esa curiosidad me llevó a profesionalizarme: soy Licenciada en Recursos Humanos por la Universidad de Monterrey, Maestra en Terapia Familiar por el Instituto Juan Pablo II (Monterrey) y cuento con un Máster en Drogodependencias por la UB (Barcelona).
Mi camino me permitió integrar este conocimiento trabajando con colegios y familias en prevención, impartiendo talleres donde pude ver de cerca cómo la educación emocional y la comunicación clara pueden transformar el destino de una persona y de todo su núcleo familiar.
Sin embargo, mi propuesta no nace solo de la academia. Desde 2019, acompaño a mujeres en su proceso de autoconocimiento, pero mi mayor escuela ha sido mi propio proceso personal. Llevo muchos años en terapia, movida por un interés genuino de elevar mi calidad de vida y sanar aquello que me estorbaba o jugaba en mi contra.
En este caminar, aprendí que las respuestas siempre han estado en mí; solo era cuestión de saber conectar con mi esencia— esa parte más mía, sin filtros, sin fingimientos, donde reside mi autenticidad—. Esa conexión es hoy la brújula con la que navego mi vida y lo que me permite aterrizar, incluso en los días más complejos.
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